Este otoño, cuando los científicos planeaban una expedición en México para contar los ejemplares de uno los animales más amenazados del mundo, una tímida marsopa llamada vaquita, temieron que no quedara ninguna por encontrar. El último recuento, en 2019, calculó que solo quedaban unas diez.

Al mismo tiempo, los pescadores de la zona se preparaban para salir con las redes ilegales que, según los científicos, están llevando a las marsopas a la extinción: paredes de malla que cuelgan en posición vertical bajo la superficie, hasta seis metros de profundidad y que se extienden a lo largo del equivalente a varios campos de fútbol americano.

Llamadas redes de enmalle, atrapan camarones y peces. También enredan a las vaquitas, ahogando a los mamíferos. Los investigadores afirman que las redes son la única causa conocida del catastrófico declive de la especie, pero deshacerse de ellas ha resultado ser todo un reto.

En medio de una crisis mundial de la biodiversidad, con un millón de especies en peligro de extinción, la historia de la vaquita muestra cómo incluso las soluciones obvias —en este caso, poner fin a la pesca ilegal— requieren voluntad política, aplicación de la ley y un profundo compromiso con las comunidades locales para satisfacer las necesidades tanto de las personas como de los animales.

“El gobierno, hasta ahorita, no nos ha dado una respuesta efectiva o algo efectivo cómo vamos a mantener a nuestras familias sin salir a trabajar ilegalmente”, dijo Ramón Franco Díaz, presidente de una federación de cooperativas pesqueras en San Felipe, un pueblo junto al hábitat de las vaquitas. “Los niños ocupan comer, ocupan vestir”.

Los primeros resultados del estudio de las vaquitas de este año, finalizado a principios de noviembre, muestran que los animales siguen existiendo, pero al filo de la navaja. Los expertos en mamíferos marinos dicen que la recuperación es posible, pero solo si su hábitat queda libre de redes de enmalle.

En cambio, la pesca ilegal en la zona está muy extendida y ocurre a la vista de todos. Incluso cuando un equipo de científicos de México y Estados Unidos llegó a San Felipe para el recuento de este año, parecía que continuaba sin cesar.

La población de la vaquita marina se ha desplomado de unos 600 individuos en 1997 a alrededor de diez en 2019. Pero existen ejemplos de especies en peligro de extinción que se recuperan a partir de números igualmente diminutos, y la encuesta de 2019 documentó tres crías saludables entre las marsopas restantes. Desde entonces, al menos una vaquita ha muerto en una red de enmalle, según los activistas.

“Se están extinguiendo por actividades humanas, pudiéndolo evitar”, dijo Jorge Urbán Ramírez, biólogo que dirige el programa de investigación de mamíferos marinos de la Universidad Autónoma de Baja California Sur. “No es prioritario”.

Para proteger a las vaquitas, un acuerdo del gobierno mexicano prohíbe las redes de enmalle en gran parte del Alto Golfo de California, el único lugar donde viven estos mamíferos. Otro acuerdo prohíbe la pesca en una sección mucho más pequeña del golfo, denominada oficialmente zona de tolerancia cero, donde se han visto vaquitas en los últimos años.

Pero en San Felipe es como si las normas no existieran.

Este otoño, los barcos de pesca que llevaban abiertamente redes de enmalle al golfo recibieron el saludo de integrantes de la Marina mexicana. El 3 de noviembre, los científicos contaron 117 barcos de pesca en la zona prohibida en un solo día, según un informe obtenido por The New York Times.

Refiriéndose a la zona de tolerancia cero, que abarca un área de 12 por 24 kilómetros, el texto del acuerdo “prohíbe la navegación de cualquier tipo de embarcación dentro de esta zona, excepto barcos de vigilancia, investigación o recuperación de redes”. También establece que “se prohíbe la pesca de cualquier tipo”.

Jonathan White, un conservacionista que recaudó dinero para ayudar a financiar el proyecto de investigación, estuvo a bordo de uno de los barcos durante parte del periodo de investigación. En dos días diferentes en octubre, dijo, contó en la zona de tolerancia cero más de 65 barcos de pesca, la cantidad designada para desencadenar el nivel más alto de represión. En cambio, no vio ninguna aplicación de la ley. “Es tan atroz”, dijo.

Del mismo modo, aquel día de principios de noviembre en el que los científicos contaron más de cien embarcaciones en la zona de tolerancia cero, no había ninguna señal de que se estuviera aplicando la ley, según el informe de los científicos.

Al preguntarle por la aparente falta de acción, el jefe de la unidad de comunicación social de la Marina, el contralmirante José H. Orozco Tocaven, dijo que los oficiales estaban adaptando la norma a las necesidades sociales sobre el terreno, permitiendo efectivamente la presencia de hasta 65 embarcaciones en la zona de tolerancia cero. Nunca han visto más de dicha cantidad, dijo. Pero reconoció la falta general de aplicación de la norma. “Intentamos evitar la confrontación”, dijo el contralmirante, y citó disturbios y agitación previos.

En la última década, la demanda de un gran pez llamado totoaba ha hecho que la situación sea especialmente volátil. Toda la pesca de totoaba, otra especie en peligro de extinción, es ilegal. Pero la vejiga natatoria de ese pez alcanza precios elevados en China por sus supuestos beneficios para la salud, y el comercio ha atraído al crimen organizado. Aunque muchos pescadores locales se mantienen alejados de la totoaba, la tentación de ganar mucho dinero es fuerte.

El domingo, las autoridades anunciaron la detención de seis personas relacionadas con el tráfico de totoaba.

Todas las redes de enmalle son peligrosas para la vaquita, dicen los científicos, pero las que se usan para la totoaba son particularmente letales porque las dos especies son casi del mismo tamaño.

Con el permiso de las autoridades mexicanas, dos grupos de defensa del medio ambiente, el Museo de la Ballena y la Sea Shepherd Conservation Society, solían patrullar el golfo para retirar las redes de enmalle desatendidas. Esto enfurecía a los pescadores, que a menudo piden préstamos para comprar los aparejos. En los últimos años, los enfrentamientos se volvieron cada vez más violentos, y los pescadores se han abalanzado sobre los barcos más grandes en el mar y a veces les han disparado.

Un pescador murió después de que su pequeña embarcación chocó con un barco de Sea Shepherd en uno de estos episodios en diciembre. Un grupo liderado por pescadores de totoaba se amotinó, según el contralmirante Orozco y los ecologistas, y quemaron un barco interceptor de la marina de alta velocidad, otro bote y algunos vehículos. Ahora los grupos conservacionistas ya no pueden retirar las redes, solo denunciarlas.

Rodrigo López Olivo, que emplea redes de enmalle para capturar camarones y otras especies legales, recuerda haber visto vaquitas un puñado de veces a lo largo de sus 20 años en el golfo. Las marsopas le parecían hermosas, dijo. Pero no ve un futuro para ellas.

“¿Cómo va a dejar morir un pueblo para cuidar seis animales?”, preguntó López.

Las autopsias han demostrado que las vaquitas encontradas muertas en el golfo suelen estar gordas y sanas, excepto por la espuma en sus pulmones que revela la causa de su muerte: ahogamiento.

En 2017, los científicos intentaron llevar a algunas vaquitas al cautiverio, pero abandonaron el esfuerzo cuando las marsopas se estresaron tanto por el contacto con los humanos que una murió.

Barbara Taylor, una bióloga de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos que ha trabajado en la conservación de la vaquita durante décadas, dijo que las pocas marsopas que quedan pueden tener una predilección por evitar las redes. “Las que están ahí fuera son sobrevivientes”, dijo. “Pero hay que darles una oportunidad para luchar”.

Estudios recientes demuestran que esta especie, aislada desde hace mucho tiempo, es naturalmente resistente a la baja diversidad genética, lo que significa que para ella los problemas de salud derivados de la endogamia —a menudo un peligro en las poblaciones disminuidas— son menos preocupantes.

Estados Unidos ya ha prohibido los mariscos procedentes del Alto Golfo debido a la situación de la vaquita, y las autoridades están estudiando otras medidas. “Esto es algo que nos tomamos muy en serio”, dijo Kelly Milton, representante comercial adjunta de Estados Unidos para el medio ambiente y los recursos naturales. “Perder a la vaquita sería devastador”.

Sin embargo, el camarón de San Felipe se envía actualmente a otros estados mexicanos, y algunos lugareños dicen que es probable que las capturas se mezclen y el camarón prohibido de todos modos termine en Estados Unidos.

Durante una parte de la última década, los pescadores recibían un estipendio para mantenerse fuera del agua. Pero después de que el actual presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, asumiera el cargo en 2018, ese programa terminó y las autoridades han tolerado las redes de enmalle, dicen los pescadores locales.

“La desaparición de la vaquita marina representa un fracaso flagrante y abarcador por parte del Estado de México y sus instituciones”, dijo Randall Reeves, presidente de un panel científico internacional creado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza para evaluar el estado global de ballenas, delfines y marsopas.

Cuando se les pidió que hicieran comentarios para este artículo, los funcionarios ambientales mexicanos dijeron en un comunicado que “el gobierno mexicano reitera de manera enfática su deseo de cuidar y preservar la biodiversidad natural que tiene nuestro país, particularmente se atiende y busca la conservación de la vaquita marina”. Al mismo tiempo, dijeron, era necesario tomar en consideración “el bienestar de las comunidades pesqueras”.

Sin embargo, un pequeño equipo que intenta pescar con redes alternativas ha enfrentado obstáculos. El método captura menos, pero algunos pescadores creen que podría tener una lógica económica si pudieran vender camarones sostenibles a un precio más elevado. No se ha desarrollado ningún mercado de este tipo en la zona, y esta temporada no han podido obtener permisos para los aparejos especiales.

Algunos miembros de la comunidad se niegan a renunciar a una especie que consideran parte de su patrimonio nacional. Ismael Angulo, que creció en una familia de pescadores, recuerda un día de 2004 en el que su padre, Leonardo, fallecido en 2016, trajo a casa una vaquita marina que, según dijo, había encontrado flotando muerta en el agua.

“Es casi como que si se hubiera encontrado una sirena”, dijo Angulo. Sus tíos y primos acudieron a ver a la criatura y posaron para las fotos. Años más tarde, cuando vio un debate en las redes sociales sobre la existencia de las vaquitas —algunos lugareños creen que son un mito—, publicó la foto. Algunos pescadores se enojaron con él por apoyar la postura de los científicos, dijo, pero no borró la publicación.

“Yo, como hijo de pescador, deseo una solución tanto para los pescadores como para la especie”, dijo Angulo.

Catrin Einhorn cubre la vida silvestre y la extinción para la sección Clima. También ha trabajado en la sección de Investigaciones, donde formó parte del equipo del Times que recibió el Premio Pulitzer 2018 al Servicio Público por su reportaje sobre acoso sexual. @catrineinhorn

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