Quizás tu Día de Acción de Gracias sea ideal, repleto de comida abundante, en compañía de tu familia, amigos conviviendo entre risas. O tal vez quemarás el pavo, quizás apenas te las arregles, tal vez te sientas solo o herida por tu familia y amigos. Aún así, hay regalos ordinarios y agradecimientos que dejamos pasar pero que están ahí cada día.

“Incluso en estas humildes bellezas”, dice Thomas Wingfield, el personaje principal en la novela del escritor George MacDonald, “hay algo que tiene su raíz más profunda que tu dolor; que, a nuestro alrededor, en la tierra y en el aire, dondequiera que el ojo o el oído puedan alcanzar, hay un poder que siempre respira en signos, ahora en una margarita, ahora en una ráfaga de viento, una nube, una puesta de sol, un poder que mantiene una relación constante y dulce con el mundo oscuro y silencioso dentro de nosotros”.

El Día de Acción de Gracias nos pide en voz baja que practiquemos el agradecimiento por los encantos humildes de los que están hechos nuestras vidas, para tomarnos un tiempo para ver la relación constante y dulce que da quien hace un buen regalo.

Sentirse agradecida no siempre ocurre de forma natural. El agradecimiento es algo así como un músculo que podemos ejercitar. Así como podemos desarrollar la ingratitud, el privilegio, la amargura o el cinismo, podemos fomentar la gratitud, la humildad apreciativa, el deleite y la alegría. Para lograrlo, aquí hay algunas formas prácticas de cultivar la gratitud este Día de Acción de Gracias y durante todo el año:

1. Haz listas. Podrías hacer un repaso de un día o una semana y anotar todos los regalos que recibiste, cosas tan esenciales como el hecho de poder respirar o tan frívolas como conseguir un buen lugar para estacionarte. En una semana terrible, puedes enumerar momentos de alegría en medio del caos. En una buena semana, puedes tomarte un momento para celebrar cada regalo.

Mi mejor amiga de la secundaria tenía una lista pegada en la pared de su cuarto de cosas que le daban alegría: chips de tortilla, nadar, bromas internas. A Journal of Thanksgiving de Nicole Roccas anima a escribir una lista de acciones de gracias diarias durante tres años.

2. Escribe notas de agradecimiento. Seré honesta y confesaré que detesto escribir cartas de agradecimiento, esos gestos forzados de etiqueta en los que recorres nombre por nombre para intentar decirles algo nuevo sobre la sopera que te regalaron en tu boda. Como pastora, he visto la manera en la que esta costumbre aplasta a las personas justo cuando más necesitan un descanso, durante las transiciones importantes de la vida, como tener un hijo o en momentos de duelo después de una pérdida.

Dicho esto, me encantan las cartas de agradecimiento espontáneas y no obligadas. La gratitud nos recuerda que somos profundamente dependientes entre nosotros y de Dios. Toma un momento para agradecerle por escrito a tus amigos o familiares que te rodean. Un año, durante más o menos un mes, le escribí notas de agradecimiento breves y diarias a mi esposo y descubrí que esa práctica deliberada me hizo más agradecida con el tiempo. También puedes considerar escribir notas de agradecimiento ocasionales a personas a quienes quizás no conoces tan bien pero en quienes te apoyas en el día a día: tu cartero, conductora del autobús o maestro.

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