“A veces se dice que es un marrón, pero esto es así y siempre ha sido así. Es la parte negativa de esto”.

En su puesta de largo, pocos días después de haber asumido la capitanía, octubre de 2018, Sergi Bruguera reflexionaba sobre lo que suponía aceptar el reto del banquillo y todo lo que ello conlleva; especialmente, la dificultad para contar con los seleccionados por la erosión que ejerce el calendario anual de la ATP o por los intereses particulares de los jugadores, que con el viejo formato de la Copa Davis –eliminatorias intercaladas a lo largo del año– se habían distanciado de la competición porque interfería en el calendario personal.

Tres años después, Bruguera ha podido comprobar que la capitanía exige encaje de bolillos y su recorrido, adornado de la Ensaladera lograda en 2019, no ha estado exento de espinas y se traduce en una carrera de obstáculos. Sin ir más lejos, para el asalto de la edición que se celebra estos días, el preparador ha tenido que rehacer sobre la marcha: primero cayó Roberto Bautista, por una lesión abdominal, y la jornada previa al estreno frente a Ecuador tuvo que ser apartado Carlos Alcaraz por el covid. En consecuencia, el técnico se vio obligado a descolgar el móvil y parchear a toda prisa, prácticamente sin margen.

Albert Ramos y Pedro Martínez fueron los relevos, se incorporaron a la carrera y figuran en la nómina de España, que tras resolver la apertura contra Ecuador con muchas más dificultades de las que indicó el registro final (3-0), este domingo (16.00, #Vamos) se juega el acceso a los cuartos frente a la maciza Rusia del número dos, Daniil Medvedev, que ayer batió a los sudamericanos por (…) e irrumpe en el Madrid Arena como un acorazado. El equipo español debe vencer, o en el caso de perder la serie, hacer cuentas y confiar en los números para ser una de las dos mejores segundas en la fase de grupos.

“Hemos tenido que lidiar con mil cosas en los dos últimos años. Desde que Sergi es capitán nos ha pasado de todo, en cada eliminatoria al menos una lesión”, decía hace un par de días Feliciano López, que aterrizó la semana pasada en la concentración pensando que actuaría en el dobles, pero que dadas las circunstancias se vio obligado a intervenir en los individuales y luego, indispuesto por el esfuerzo, no pudo formar junto a Marcel Granollers. “Estamos teniendo muy mala suerte”, lamentó Pablo Carreño, líder del equipo y que el viernes tuvo que invertir 5h 16m, de forma ininterrumpida, al tener que desdoblarse.

Mareos, cansancio, rodillas, dedos…

“Feli estaba mareado, así que no podía jugar y Pablo estaba cansado, pero opté por él porque Pedro solo había entrenado por la mañana”, explicó de madrugada Bruguera, resignado ante el devenir de los acontecimientos. No obstante, nada ha sido fácil. Desde su elección como capitán, el barcelonés (50 años) las ha visto de todos los colores.

De entrada, nada más poner el primer pie no pudo contar con Rafael Nadal en su primera cita porque el balear, que a posteriori se lesionó del psoas ilíaco en Melbourne, le adelantó que no podría competir contra Gran Bretaña porque la transición del cemento australiano a la arcilla de Marbella podía perjudicar a su cuerpo; posteriormente, para el cruce ante Alemania en Valencia perdió a Carreño por una lesión en un dedo y recurrió de urgencia a Marc López; luego, Nadal volvió a caerse del listado para las semifinales contra Francia, en Lille, al lastimarse la rodilla derecha solo unos días antes en Nueva York; y en 2019, fecha feliz por el éxito en la Caja Mágica, tuvo que recomponer anímicamente al equipo en plena competición por el fallecimiento del padre de Roberto Bautista.

Entre medias, la pandemia detuvo el circuito durante siete meses y la que iba a ser la segunda edición de la Davis bajo el nuevo formato, se canceló. Ahora, el presente vuelve a plantear un trazado lleno de clavos.

La adversidad como acicate

“Esta semana ha sido un desafío para nosotros, pero ya hemos pasado por muchas cosas a lo largo de estos años y siempre nos quedaba algo. Debemos demostrar que somos capaces de sobrevivir y de pasar por estos momentos difíciles. Ni Roberto ni Carlos están aquí, pero somos un equipo peleón”, exponía Feliciano, mientras el equipo español procesa los sobresaltos y el preparador reajusta como puede, confiado en que la adversidad tenga un efecto invertido y actúe de acicate.

“Es cierto que no poder contar con Rafa, que para mí es el mejor jugador de la historia de la Davis, es una desventaja. Pero no podemos pensar en eso. Tenemos un equipo muy fuerte y con buenos jugadores. Sin Rafa es distinto, pero seguimos siendo un rival difícil de batir”, se rebela el seleccionador. Frente a los infortunios, Bruguera se aferra al bloque y a la resiliencia de sus jugadores como fuerza tractora. Todo hará falta en esta Davis que comenzó al traspié.

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