En Estados Unidos, los organizadores de los retiros se comunican con los participantes a través de Signal, Telegram y WhatsApp, dijo Craig Gross, empresario y exevangelista cristiano que ha organizado varios retiros psicodélicos en el norte de California. Los organizadores luego rentan un Airbnb en alguna ciudad en donde el consumo de drogas esté despenalizado. “Alguien le cuenta a un amigo y alguien más trae a su ser querido y es un efecto dominó”, dijo. “No necesitas hacer publicidad”.

En los peores de la pandemia, Gross y su familia vivieron en Rainbow Ridge, un centro de retiros psicodélicos cerca de Santa Cruz, y ofrecieron 30 retiros de psilocibina para un puñado de personas en cada ocasión. Nunca cobró a los participantes. Desde entonces ha vendido su casa, con valor de 1,3 millones de dólares y retiró su fondo de jubilación.

“El dinero volverá de distintas formas”, dijo Gross. “Le dimos esto gratis a más de 300 personas y el cambio vital que resultó fue una cosa evangelizadora que no necesitó una iglesia, una Biblia o una religión”.

“Todas estas cosas que eran subterráneas han empezado a salir a la superficie”, dijo Gross.

Muchos asistentes a retiros psicodélicos dicen que la lectura del libro de Michael Pollan de 2018, How to Change Your Mind (“Cómo cambiar tu mente”), que explora la ciencia de los psicodélicos en el tratamiento de las enfermedades mentales, fue un punto de inflexión. Scott Ropp, de 49 años, un ejecutivo de atención médica, es uno de ellos. Asistió a un retiro psicodélico con su mujer, Lena, después de leer ese libro, un acontecimiento que, según la pareja, cambió su vida, hasta el punto de que ahora están construyendo un complejo turístico en Costa Rica.

Esperan abrir su complejo selvático y sostenible, Wilder, en 2023, en la costa del Pacífico. Lena Ropp, cocinera de alimentos crudos, impartirá cursos sobre alimentación basada en plantas; el retiro también incluirá una granja de permacultura, surf, sesiones de formación en atención plena y experiencias psicodélicas dirigidas por chamanes.

“No se trata solo de ofrecerle a la gente experiencias divertidas, sino experiencias curativas”, aclaró Lena Ropp. “Es muy difícil ayudar a tu cabeza solo con un jugo recién exprimido”.

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