Paul McCartney está tenso.

En varios momentos de The Beatles: Get Back, el documental de unas ocho horas que consta de tres partes y es una crónica de las sesiones de preparación para la última presentación en público del grupo en 1969, es evidente que McCartney se siente más frustrado que cualquier otro de sus compañeros cuando el grupo se enfrenta con bloqueos creativos e interpersonales que les impiden avanzar.

Sin embargo, McCartney también es el Beatle que parece más motivado cuando enfrenta retos inconmensurables.

“Lo mejor de nosotros —así ha sido siempre y siempre será— surge cuando estamos con la espalda contra la pared y ensayamos, ensayamos y ensayamos sin parar”, les recuerda cuando debaten si deberían optar por la intrépida aventura de trepar hasta la azotea de las oficinas generales de Apple Records en Londres y desde ahí ofrecer su concierto.

Sabemos cómo termina la historia: el espectáculo fue tan brillante que algunas de las grabaciones en vivo quedaron inmortalizadas en Let It Be, el último disco original que lanzaron. Y sí, el grupo tuvo éxito en la prueba.

Más de medio siglo después de la separación de los Beatles en 1970, el director Peter Jackson presenta esta recopilación de decenas de horas de grabación nunca antes vistas. Se trata de una obra profunda, multidimensional y creativa por su propio derecho.

Parte de la genialidad de Get Back radica en la forma en que presenta el proceso colaborativo de creación, cómo se entreteje el mapa de ruta de innovación sobre la marcha que siguen estos cuatro músicos. Esto se hace evidente no solo porque vemos con nuestros propios ojos y escuchamos con nuestros propios oídos cómo nacieron canciones clásicas de los Beatles como “Let It Be” y “The Long and Winding Road”, sino también porque, en realidad, asistimos a una clase maestra en el frágil y electrizado arte de hacer magia bajo una inmensa presión.

En lo personal, decidí verlo como una serie de valiosas lecciones sobre la creatividad con canciones de los Beatles como banda sonora. A continuación, describo estas lecciones.

Al comenzar la cinta, McCartney batalla para lograr que el grupo se aboque con entusiasmo a la tarea de crear 14 canciones nuevas en solo dos semanas y grabarlas en vivo para un programa de televisión. La tensión acumulada entre los miembros del grupo y la presión causada por esta meta aparentemente imposible provocan la separación temporal de George Harrison del grupo.

Pero pensar en grande y fijarse metas de gran alcance les abre nuevas posibilidades creativas. Cuando empiezan con una lluvia de ideas sobre dónde pueden hacer el concierto, se escuchan opciones como un hospital infantil, un crucero o un anfiteatro en Trípoli. Aunque ninguna de estas ideas es la definitiva, ese espíritu de espontaneidad, de permanecer abiertos a todo tipo de opciones, siembra las semillas que conducen a la épica presentación en la azotea.

Hasta cuando están peleando en el cavernoso estudio cinematográfico de Twickenham antes de la salida de Harrison, los Beatles se apiñan en una esquina, como si estuvieran de vuelta en el diminuto escenario del Cavern Club en Liverpool, donde tocaban antes de saltar a la fama.

Estos amigos y compañeros de grupo de tanto tiempo apenas y se hablan, pero tocan, cantan y trabajan con las ideas de los demás. Entre los muchos ejemplos de esta dinámica está “I’ve Got a Feeling”, que quizá sea la última composición verdadera del dúo Lennon-McCartney. Como dice John Lennon más adelante: “Solo nos tenemos el uno al otro”.

Cuando McCartney defiende con insistencia la ambiciosa meta del programa e intenta posicionarse como líder de hecho del grupo, Harrison y Lennon se enfurecen, no solo por el cambio en la dinámica de lucha de poder, sino también porque altera la manera de trabajar de ese dúo, espontánea y en constante evolución.

“Hay que seguir hasta que lo consigas”, le dice Harrison a McCartney cuando tienen problemas para comenzar a crear “Two of Us”. Lennon se convierte en un animador muy directo: “Yo diría que improvises, hombre”.

McCartney, cansado de asumir el papel de mayoral inflexible, se relaja por un momento… Entonces, la canción empieza a cobrar forma gracias a la improvisación.

Cuando Harrison se reincorpora, los cuatro se reúnen en el amontonado sótano de Apple Records tras acordar hacer a un lado la idea del especial de televisión, al menos por un tiempo. Ahí, improvisan, bromean y dejan salir la tensión conforme van afinando los números que ensayan.

“Están trabajando tan bien juntos”, le dice el productor del disco, George Martin, a Harrison. “Voltean a mirarse, se ven. Ya es una realidad, ¿verdad?”.

La llegada del genial tecladista Billy Preston mejora el ambiente, la música y el comportamiento de los Beatles como unidad. El espíritu creativo reavivado por Preston irradia energía más allá del grupo (inspira a Yoko Ono a cantar espontáneamente y a Linda Eastman a capturar las sesiones en fotografías, cada una ofreciendo una inspiración muy particular). Ringo Starr se pasa de la batería al piano para escribir “Octopus’s Garden”.

La aparición de este invitado tiene tanto éxito que Lennon sugiere que Preston se convierta en un Beatle y Harrison propone incluir también a Bob Dylan. McCartney cambia la exasperación por sentido del humor en su respuesta: “De por sí estamos mal con solo cuatro”.

A pesar de sus variados niveles de interés durante las sesiones, en general los Beatles están listos para trabajar desde que llegan a los estudios y las sesiones son de lo más productivas (en especial para McCartney, quien crea las canciones “Get Back” y “Oh! Darling”, entre otras). Harrison coopera con “All Things Must Pass” y se convence de que ya escribió suficientes canciones para un disco como solista.

Con todo y que no dejan de circular el vino, las cervezas y otras bebidas, los Beatles no pierden la disciplina. Se dedican a trabajar y volver a hacer cambios en las letras y arreglos hasta quedar satisfechos. “Divagar sin rumbo no es nada emocionante”, dice McCartney. “No está en onda”.

Oír la versión de “Don’t Let Me Down” por enésima vez tal vez no sea agradable para todos los espectadores. Pero precisamente la repetición y el perfeccionamiento exhaustivo de las letras y los arreglos musicales es lo que permitió que se crearan estas canciones que están profundamente arraigadas en el ADN musical de generaciones de aficionados.

La repetición también es lo que le da a la banda la confianza necesaria para llevar el espectáculo a la azotea. Desde ahí, entregaron todo durante 42 minutos, hasta que la policía le puso fin a esa presentación que quedaría para la posteridad.

Hay algo que queda claro con Get Back: los Beatles no querían que todo lo que construyeron terminara. No obstante, sabían que sería necesario hacer cambios para seguir adelante. El documental nos permite observar la batalla de cuatro hombres, todos ellos veinteañeros, para crecer sin separarse, tanto en el aspecto creativo como en otros más.

En un momento en que todavía no se sabe si Harrison volverá, McCartney se consuela imaginando cómo sería el reencuentro de estos cuatro amigos, muchos años más adelante. “Quizá cuando todos seamos muy viejos lograremos ponernos de acuerdo y cantar juntos”, le dice a Lennon.

Por desgracia, eso no sucedió. De cualquier manera, gracias a la obra maestra de Jackson, podemos ver de nuevo a estos músicos tocando juntos y ofreciéndonos un vistazo inspirador a las relaciones y dinámicas que convirtieron a los Beatles en la fuerza creativa más arrolladora de la cultura pop.

Jere Hester, editor en jefe de The City, es autor de Raising a Beatle Baby: How John, Paul, George and Ringo Helped Us Come Together as a Family.

Por admin

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