El Mundial de Fórmula 1 más explosivo de la última década se decidió en Abu Dabi de forma antológica a favor de Max Verstappen y de Red Bull, que se rebelaron contra la arrolladora inercia que habían instaurado Mercedes y Lewis Hamilton y que ponen fin a una era de dominio hasta ahora incontestable. El primer título del británico, el de 2008, emergió de la nada en aquel disparatado Gran Premio de Brasil. Siete coronas y 13 años después, Hamilton ya sabe cómo se sintió Felipe Massa, absolutamente destrozado. En una de las carreras más alocadas de la historia, Verstappen y Red Bull nunca dejaron de creer en una machada que 10 minutos antes de que todo terminara parecía una auténtica chifladura. Ni la impagable colaboración de Checo Pérez, el mejor de los escuderos –frenó a Hamilton para que su vecino de taller se acercara– parecía suficiente para darle la vuelta a una balanza muy decantada. Sin embargo, la irrupción del coche de seguridad revitalizó las opciones del equipo del búfalo rojo y de su niño maravilla, obligados a jugar a la contra, sabedores de que esta vez no eran los más rápidos en pista.

En una última vuelta inolvidable, Mad Max sacó tajada de las gomas nuevas con las que acababa de calzar su coche para pasar por encima de su rival, completamente desarmado y a merced de la descomunal voracidad del gran protagonista del año. Con este triunfo, el décimo de su casillero en este 2021, Verstappen se convierte en el primer holandés que se encasqueta la corona de campeón, y de paso devuelve la gloria a Red Bull, que celebra su quinto Mundial de pilotos tras los cuatro consecutivos que encadenó Sebastian Vettel (2010-2013). La segunda posición en el circuito de Yas Marina fue para Hamilton, mientras que Carlos Sainz completó el podio, la mejor manera de cerrar su primer ejercicio enfundado en el mono de Ferrari: por delante de Charles Leclerc, su vecino en el taller en la Scuderia. Fernando Alonso, por su parte, concluyó el octavo.

Dado el tremendo nivel de tensión que ha sobrevolado el paddock en los últimos meses, y los ingredientes que coincidieron en la última parada del calendario, el desenlace no podía ser plano. Hace una semana, los árbitros se arremangaron y dieron un paso adelante en Arabia Saudí, donde se hincharon a imponer sanciones, sobre todo a Verstappen. En Abu Dabi se hicieron voladizos en uno de los instantes más decisivos de cualquier domingo: la salida. El piloto de Red Bull se quedó clavado en la pole mientras su oponente salía disparado y se situaba en cabeza. La última remodelación del circuito enfatizó la relevancia de la sexta curva de la pista, el punto elegido por el chico de Hasselt para tirarle el coche por el interior del viraje. La jugada forzó a Hamilton a irse fuera de la trazada y a cortar por lo sano la segunda parte de la variante. Eso activó toda la maquinaria de la estructura energética, que por la radio trató de influir en la decisión de los comisarios, inalterables esta vez.

Con la primera de las Flechas de Plata al frente, el coche de seguridad se alió con Red Bull, que llamó a su búfalo hasta dos para devolverle al ruedo con las pilas cargadas. La ventaja estratégica jugó en contra del líder (Hamilton) y a favor del perseguidor (Verstappen), que pudo decidir a sabiendas de qué camino había cogido el otro. Y así se presentaron ambos en el momento determinante del campeonato, cuando el safety liberó a las bestias a solo una vuelta de la conclusión, tiempo de sobra para que Verstappen estudiara cómo lanzarle el ataque definitivo al corredor de Stevenage, completamente indefenso, incapaz de impedir el adelantamiento de este animal competitivo, el mejor y más valiente de todos los competidores este curso. “Esto es brutal. Miras atrás y te acuerdas de todos los kilómetros que has hecho en tu vida, en todos los amigos que me han ayudado y que han podido venir a animarme aquí. Que se resuelva así es increíble”, resumió el nuevo campeón, de 24 años, que con su alirón le niega a Hamilton (36) el octavo entorchado, ese que le habría situado en un plano único, por encima de Michael Schumacher.

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