Su aspecto es como el de un dinosaurio imaginado por un niño: parece una garza, tiene un cuello largo como el de un braquiosaurio y sus alas parecen las de un murciélago. Esta criatura, que podría ser una fantasía, en realidad es el «legendario» Quetzalcoatlus, el pterosaurio más grande que habitó la Tierra.

La imagen que describe la extraordinaria fisonomía del Quetzalcoatlus, que debe su nombre al mitológico dios azteca Quetzalcóatl, es una elaboración artística para la revista científica Society of Vertebrate Paleontology, y fue creada a partir del fosil parcial de un ala del Quetzalcoatlus y a través del análisis de los huesos de otros pterosaurios más pequeños.

El Quetzalcoatlus fue descubierto por el doctor en peleontología Douglas Lawson en la década de los setenta. Por décadas el Quetzalcoatlus fue su obsesión e incluso trabajó con otros colegas para terminar una recreación del reptil volador, sin embargo, su trabajo quedó trunco tras su muerte en 2013.

Pero el trabajo que inició Lawson en los setenta llegó a buen puerto gracias a otro científico. Kevin Padian, profesor emérito de biología integrativa de la Universidad de Berkely, trabajó con otros expertos para terminar la recreación artística del Quetzalcoatlus, que se logró analizando y manipulando moldes de los fosiles de otros pterosaurios.

El pterosaurio, contó Padian en un comunicado de la Universidad de Berkely, debió ser un extraordinario animal volador que dominó el Cretácico, aún cuando también era uno de gran tamaño. Los expertos calculan que la envergadura de sus alas era de entre 12 y 13 metros, y que como su cuello tenía una longitud de 2 metros y su cráneo una cresta de 1.3 metros, el Quetzalcoatlus era como una cigüeña con esteroides.

«Este antiguo reptil volador es realmente legendario, aunque la mayor parte de la concepción que tenemos del animal es artística, no científica», aclaró Padian.

Del análisis que derivó en la recreación del Quetzalcoatlus, los expertos desprenden que el dinosaurio era un animal bípedo que por la dimensión de sus alas no podía evitar arrastrarlas al caminar.

Sobre su vuelo, los expertos consideran que el Quetzalcoatlus debió lanzarse al aire y alimentarse como lo hacen las garzas, aunque su vuelo era más similar al de un cóndor o un buitre.

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