Varias de las cinco hijas de Abu Abdullah estaban cerca, comiendo elote con mantequilla y papas fritas. Una de ellas, Nout al-Qahtani, de 13 años, dijo que estaba encantada con los cambios para las mujeres en Arabia Saudita. “Quiero trabajar”, dijo. “Tengo muchas ganas de ser doctora”.

Su padre señaló que no todos los trabajos soñados son adecuados.

“Algunos trabajos no son apropiados para algunas mujeres”, dijo, y puso de ejemplo los trabajos de plomería y construcción. “Es mejor ponerla en el lugar correcto”, añadió.

A ocho kilómetros al norte del centro comercial, un club de fútbol local, Al Shabab, jugaba contra un equipo de fuera de la ciudad en el estadio Príncipe Faisal bin Fahd. Era una tarde templada, y el público se animó cuando el equipo local marcó. En el lado masculino del estadio, cientos de hombres se pusieron en pie, coreando y aplaudiendo a los jugadores.

Al otro lado del estadio, en lo que se conoce como el lado de las familias, donde las mujeres y los niños debían sentarse, Najiba, una enfermera del complejo hospitalario Ciudad Médica Rey Fahd, observaba el partido con dos colegas. Aunque las mujeres pueden ir a los eventos deportivos en Arabia Saudita desde 2018, era solo su segunda vez en un partido.

Najiba, de 34 años, y sus amigas dijeron que estaban viendo a muchas más mujeres sauditas trabajando en el hospital en los últimos años, y que la idea de las mujeres en las carreras médicas se había vuelto más aceptable para las familias que anteriormente podrían haber considerado problemático un entorno de trabajo de género mixto.

“Ahora la familia acepta que una hija o una esposa trabaje en el cuidado de la salud”, dijo Najiba, quien fue enfermera en una unidad de cuidados intensivos neonatales durante años antes de asumir un papel administrativo.

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