Cuando Viridiana Padilla Johnson era niña y vivía en el estado mexicano de Sonora, las celebraciones navideñas emanaban de la cocina de su abuela. Ahí era donde veía a su abuela preparar buñuelos, y de paso aprendía a hacerlos. Una miel de piloncillo, preparada con azúcar no refinada, perfumaba el espacio con los cálidos aromas del clavo y el anís.

“Era algo especial”, dijo Johnson, quien ahora le da su toque personal a la receta de su abuela y hace más de 500 buñuelos durante todo el mes de diciembre para su negocio de cáterin en Tucson, Arizona, La Receta de Mamá. “Todos extrañamos nuestras raíces, y no podemos visitar a la familia, así que lo menos que podemos hacer es tener un pedacito de tu propio país a través de la comida”.

Los buñuelos, una masa dulce frita que a veces se sirve con miel, es una comida callejera muy popular y una delicia navideña en toda Latinoamérica. Tiene sus orígenes en España, y muchos países tienen su propia versión (y a veces otro nombre). En México, la masa a base de harina se extiende hasta que queda delgada como un papel y luego se fríe hasta que se infla. En lugares como Cuba y Nicaragua, los buñuelos se hacen con yuca, la raíz de la planta de la mandioca. En Colombia, se suelen hacer con queso.

Muchas versiones están aromatizadas con anís, una especia que señala un origen español, sobre todo en una España que estuvo bajo dominio musulmán, explicó Maricel Presilla, autora de Gran cocina latina: the food of Latin America.

El hecho de que haya tanta variedad se debe a que los españoles que colonizaron Latinoamérica utilizaron diferentes formas e ingredientes originarios de la región en la que se encontraban, dijo Presilla. Por ejemplo, en Cuba, eso significaba utilizar tubérculos como la yuca, cuya presencia está muy extendida.

En la actualidad, los buñuelos en Latinoamérica son el equivalente a las galletas con leche en Estados Unidos.

“Se convierten en algo asequible para todo el mundo, y pasa a formar parte de la tradición”, dijo Ana Sofía Peláez, autora de The Cuban table: a celebration of food, flavors, and history.

No obstante, el postre también se considera un manjar especial, ya que su proceso puede ser laborioso. La tarea les recuerda su hogar a muchos latinos, lo que convierte a los buñuelos en una comida que conecta a las personas con sus padres y abuelos independientemente de dónde se encuentren.

Estos últimos suelen estar espolvoreados con azúcar y, en ocasiones, a la miel de piloncillo se le añade guayaba, además de canela, cítricos y anís. El estilo de disco, más común, tiene una textura similar a algunos tipos de pan frito de los indígenas estadounidenses.

Cualquiera de las dos versiones requiere cuidado y atención, pero las cocineras caseras están dispuestas a dedicarle su tiempo a la elaboración de estos laboriosos postres, afirmó Martínez. “La gente está cada vez más orgullosa de nuestra herencia mexicana y de nuestra gastronomía. Cada vez hay más personas que esperan las fiestas y preparan platillos tradicionales”.

En Cuba, los buñuelos se parecen a una dona esponjosa de levadura por la forma en que los tubérculos espesan la masa. Los buñuelos cubanos se suelen enrollar en forma de ocho antes de freírlos y sumergirlos en una miel también aromatizada con anís, cítricos y canela.

Durante más de 20 años, Mercy Torres, de Peachtree City, Georgia, ha preparado buñuelos cubanos con su hija, y hasta ahora no ha habido un solo año en que no los haya hecho.

La tradición comenzó cuando extendió los buñuelos (a ella le gusta una especie de forma de pretzel en lugar de una figura de ocho) antes de un servicio religioso nocturno en Nochebuena. Cuando ella y su familia volvían a su casa, los frió y los sirvió con el jarabe.

Torres sigue haciéndolos “para recordar mi tradición”, dijo. “Me acuerdo de mi familia, de mi madre y del lugar de donde vengo”.

Christina Morales es una reportera que cubre noticias sobre alimentación y cultura. Se incorporó al Times en 2020, como miembro de la segunda generación de becarios de la redacción. @Christina_M18

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