El año siguiente, un estudio de seguimiento concluyó que la actividad física había ayudado a algunos concursantes a evitar el aumento de peso. Si se movían o hacían ejercicio durante alrededor de ochenta minutos casi todos los días, recuperaban menos kilogramos que si se ejercitaban en pocas ocasiones. No obstante, su actividad física no estimuló su metabolismo en reposo. Quienes se ejercitaron, de hecho, mostraron los mayores declives en relación con su tasa metabólica en reposo.

Perplejo, Hall comenzó hace poco a reconsiderar los estudios de The Biggest Loser en vista de un nuevo concepto sobre el modo en el que funciona el metabolismo humano. Esta idea partió de un estudio influyente de 2012 que muestra que cazadores recolectores muy activos en Tanzania queman más o menos la misma cantidad relativa de calorías al día que el resto de nosotros, incluso a pesar de que ellos se mueven mucho más.

Los científicos que participaron en esa investigación postularon que los cuerpos de las personas pertenecientes a tribus deben compensar en automático algunas de las calorías que quemaron mientras cazaban en busca de alimento al reducir otras actividades fisiológicas, como el crecimiento. (Los integrantes de las tribus tendían a ser de estatura baja). De esa manera, los investigadores piensan que los cuerpos de los cazadores podían mantener bajo control el número total de calorías que quemaban al día, sin importar cuántos kilómetros anduvieran en busca de tubérculos y presas. Los científicos llamaron a esta idea la teoría del gasto energético total limitado.

Consciente de esta investigación, Hall comenzó a ver posibles paralelismos en los resultados de The Biggest Loser. Así que, para el nuevo análisis, volvió a revisar los datos de su grupo en busca de indicios sobre si el metabolismo de los concursantes se había comportado, en la práctica, como el metabolismo de los cazadores recolectores. Encontró pistas en sus tasas metabólicas en reposo. El número se desplomó al principio del rodaje de The Biggest Loser, notó Hall, cuando recortaron lo mucho que comían, por lo que sus cuerpos, de manera comprensible, redujeron las calorías que quemaban para evitar la inanición.

No obstante, en años posteriores, cuando los concursantes volvieron a comer como lo hacían antes, su metabolismo se mantuvo deprimido, porque, según concluyó Hall (y esto fue clave), la mayoría de ellos todavía se ejercitaban. De manera contradictoria, escribió en el nuevo análisis, la actividad física frecuente parece haberle indicado a su cuerpo que mantuviera baja la tasa metabólica en reposo, para que el gasto energético total diario pudiera ser limitado.

“Todavía es solo una hipótesis, pero parece que lo que estamos observando” en los datos de The Biggest Loser es “un ejemplo del modelo energético limitado”, afirmó Hall.

Así que, ¿qué podría significar este replanteamiento de la historia de The Biggest Loser para el resto de nosotros, si tenemos la esperanza de mantener nuestro peso bajo control? Lo primero y más fundamental, expresó Hall, es que indica que la pérdida abrupta y colosal de peso en general rebotará, ya que esa estrategia parece enviar a la tasa metabólica en reposo a precipitarse más de lo esperado, dado el tamaño más pequeño del cuerpo de las personas. Cuando las personas pierden peso de forma gradual en experimentos de pérdida de peso, señaló, sus cambios metabólicos tienden a ser menos drásticos.

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