VENECIA — Mientras los turistas deambulaban distraídos por el piso de cristal del puente peatonal, los lugareños avanzaban con precaución. Los venecianos se aseguraban de caminar sobre la estrecha franja de piedra ubicada en el centro, y algunos levantaban sus gafas empañadas para ver bien el suelo. Cuando un visitante se tropezó, apenas levantaron la mirada.

“Ese no es un puente, es una trampa”, dijo Angelo Xalle, de 71 años, un trabajador portuario jubilado que recuerda haber ayudado a personas con mentones fracturados o frentes golpeadas a levantarse del suelo pulido.

El puente, llamado Ponte della Costituzione (Puente de la Constitución), es una obra multimillonaria de cristal y acero que se inauguró en 2008, obra del arquitecto estrella Santiago Calatrava. Su curvatura lisa que se eleva sobre el Gran Canal, cerca de la estación ferroviaria de Venecia, pretendía simbolizar la aceptación de la modernidad en la ciudad, pero se ha dado a conocer como un escenario de caídas desastrosas y resbalones peligrosos.

Ahora, tras años de protestas y problemas, la ciudad ha decidido remplazar el cristal translúcido por losas menos resbalosas —y menos glamurosas— hechas de traquita.

“Las personas se lastiman y demandan al gobierno”, comentó Francesca Zaccariotto, funcionaria de obras públicas de Venecia. “Tenemos que intervenir”.

La decisión de la ciudad de destinar 500.000 euros, o alrededor de 565.000 dólares, para remplazar la sección de cristal del puente sucedió después de varios intentos fallidos de limitar los resbalones con resina y adhesivos antideslizantes. El mes pasado, cuando el frío y la lluvia del invierno hicieron que el suelo fuese aún más peligroso, los funcionarios pusieron letreros para que los transeúntes no pisaran la porción de cristal del puente, que conforma casi toda la estructura.

Las protestas se intensificaron en 2013, cuando la ciudad instaló un teleférico en el puente para hacerlo más accesible. La cabina redonda y roja —que no diseñó Calatrava—, con un costo de alrededor de 1,5 millones de euros, cruzaba el puente a paso lento y concentraba un calor insoportable en su interior durante el verano. Posteriormente, fue desmantelada.

En 2018, la ciudad remplazó algunas de las losas de cristal con traquita, pero durante la pandemia, cuando la televisión nacional filmó a personas caminando por el puente para representar el regreso a la normalidad después de un periodo de confinamiento, inevitablemente captó el resbalón de un ciudadano. El año pasado, el gobierno reunió los fondos para sustituir por completo las secciones de cristal.

Venecia no es la primera ciudad que experimenta problemas con los proyectos de Calatrava. En 2011, la ciudad española de Bilbao colocó una enorme alfombra de caucho negro sobre las baldosas de cristal que cubrían un puente peatonal diseñado por Calatrava, porque muchos peatones se resbalaron y cayeron.

Aunque el plan de Venecia todavía debe someterse a pruebas estructurales y a la aprobación de la autoridad de arquitectura de la ciudad, los funcionarios locales están decididos a proceder para prevenir las caídas “casi diarias”, afirmó Zaccariotto.

Aunque aprecia el trabajo de Calatrava, Zaccariotto sostuvo que los criterios estéticos no deberían superar los de seguridad y que, dado que las demandas estaban dirigidas a la ciudad y no al arquitecto, Venecia tomará cartas en el asunto.

“No siempre podemos crear poesía”, admitió. “Debemos brindar seguridad”.

Calatrava ha enfrentado demandas y multas por problemas relacionados con el puente, pero se ha defendido contra los detractores. “El puente se revisó con métodos sofisticados que determinaron que tiene una estructura firme, que además se está manteniendo mucho mejor de lo esperado”, declaró en 2008.

La oficina de Calatrava no respondió a una solicitud de comentarios sobre el nuevo plan de seguridad ni sobre las críticas contra el puente peatonal.

Una de las demandantes, Mariarosaria Colucci, profesora romana jubilada, iba camino al teatro para ver actuar a su hijo en 2011 cuando se fracturó el húmero —“en cinco partes, como una alcachofa”— cuando se cayó en el puente de Calatrava. Demandó a la ciudad y, en un inicio, recibió una compensación de alrededor de 80.000 euros, pero perdió en el proceso de apelación y ahora espera la decisión de la Corte Suprema de Casación de Italia.

“Ese puente es hermoso para una revista de arquitectura”, dijo Colucci, de 76 años, “pero debes ser muy hábil para no caerte”.

Anna Maria Stevanato, que ese mismo año tomó un autobús a la ciudad para asistir a un torneo de buraco, un juego de cartas, se fracturó el hombro en el puente.

“Caí como un saco de papas”, relató y añadió que Calatrava “arruinó los años más bellos de mi vejez”.

Para Stevanato, de 80 años, el problema radica en el hecho de que Calatrava, nacido en España, no ha dominado el arte de construir puentes seguros como han hecho los lugareños. Venecia tiene unos 400 puentes y Stevanato y muchos venecianos se enorgullecen de poder cruzarlos mientras leen libros o con los ojos cerrados. Pero en el puente diseñado por Calatrava, los venecianos afirman que las dimensiones mezcladas de los escalones y el color de las losas los confunden y sus pies quedan a la deriva.

“Un veneciano jamás habría construido esta tontería”, opinó Stevanato.

Algunos recibieron con gusto el cambio del puente peatonal. “Se verá más feo, pero es necesario”, comentó Leonardo Pilat, de 19 años, cuya madre se cayó en el puente.

Sin embargo, no todos estuvieron de acuerdo.

“Es un puente excepcional y deberían conservarlo tal cual es”, mencionó Demetrio Corazza, de 85 años, profesor jubilado que a menudo cruza el puente con su esposa para ir a comprar víveres. “La belleza debe salvar el mundo”.


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