Transformaciones laborales en la pandemia, la encrucijada de Putin y más para el fin de semana.

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Sin covid y con trabajo. Hubo una época de la pandemia en la que así respondía cuando alguien me preguntaba “¿Cómo estás?”. Era un modo sincero de decir que, dentro de todo, las cosas no iban tan mal y que, dadas las circunstancias, no se podía pedir más.

Ahora, sin embargo, después de meses encerrados, de sufrir la muerte de familiares y amigos o de sobrevivir un caso grave de covid, algunos trabajadores tienen nuevas prioridades. “La tolerancia para tratar con jefes imbéciles ha disminuido”, explicó la directora de una consultora. “Las empresas están pensando en cómo asegurarse de que los directivos están realmente preparados para dirigir”.

Y directivos de todo el mundo —algunos con más sinceridad que otros— se replantean su estilo de liderazgo.

En Brasil, Luiza Trajano, propietaria de un emporio de comercios minoristas, escuchó que una ejecutiva negra muy exitosa no iba a la hora feliz con sus colegas por su experiencia con el racismo. Así que lanzó una medida de acción afirmativa que causa revuelo en los círculos empresariales brasileños: un programa de formación ejecutiva reservado para postulantes negros.

Pero no solo el racismo, el sexismo y la explotación están bajo la lupa en los espacios de trabajo. Más soterrado y sutil es el clasismo que obstaculiza a quienes demuestran ambición y perseverancia sin tapujos y son desdeñados como “arribistas profesionales”.

El término lo leí esta semana en una provocadora reflexión de la periodista Elizabeth Spiers. En su ensayo argumenta que se trata de un insulto empleado contra quienes “tienen la audacia de ascender por encima de su clase económica”.

Spiers, quien estudió en escuelas prestigiosas con becas y mucho esfuerzo familiar, se sintió indignada por las críticas que se le han hecho al actor Jeremy Strong a raíz de un reportaje en el que dejaba ver la seriedad y el sacrificio con que aborda su carrera.

Rescato este fragmento del ensayo:

Hay una diferencia entre trabajar inútilmente para una empresa y trabajar arduamente porque lo disfrutas, porque te importa lo que haces o, lo más importante, porque intentas progresar a nivel económico. No tiene nada de malo querer tener una mejor vida que tus padres. Hacer un esfuerzo —incluso un esfuerzo exagerado como el de Strong— no debería ser vergonzoso. Quienes nos esforzamos lo entendemos porque nunca hemos sido capaces de alcanzar grandes éxitos sin ese esfuerzo.

Hablando de la vida laboral: algunos empresarios, desesperados por volver a la normalidad en los lugares de trabajo, han empezado a proporcionar botones y brazaletes a sus empleados que les permiten indicar si están dispuestos a tener contacto cercano con sus colegas. Es una suerte de semáforo interpersonal que evita encuentros incómodos en la oficina: una pulsera verde dice ‘venga, dame un abrazo’ mientras que una roja indica ‘alto, no te me acerques sin mascarilla’. ¿Tienes una estrategia similar? Queremos conocerla.

Esta semana se reunieron en Bruselas representantes de la OTAN y de Rusia en un esfuerzo diplomático por evitar un conflicto armado en Europa.

Las conversaciones terminaron abruptamente luego de cuatro horas tensas en las que Estados Unidos y sus aliados intentaron presionar a Vladimir Putin para “desescalar inmediatamente la situación en Ucrania”, en cuya frontera hay 100.000 soldados rusos.

Sin embargo, Putin recurre cada vez más a la fuerza para coaccionar a sus vecinos a fin de detener la influencia occidental mientras pierde apoyo interno. Este análisis explica la arriesgada estrategia del líder ruso, quien pretende gobernar hasta 2036.


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Por admin

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